Programa LID

Sobre la identidad y lo que es posible

By febrero 18, 2019 No Comments

Por Héctor Lozada Patiño, egresado del Programa LID

Publicado originalmente en El Sol de México

Barack Obama en su aclamado discurso “Yes, we can” pedía la misma cosa que pidió 8 años anteriores a su mandato constitucional: “Hoy Pido que crean, no en mi habilidad para traer el cambio, si no en la habilidad propia para hacerlo.” Así, la voluntad ha reafirmado logros históricos y con ella, se da el primer paso la posibilidad de ser historia. Es ahí donde se origina el cambio. Decimos que sí podemos para poder decir mañana que sí lo logramos.

Cuando existe un problema social, se presenta en la consecución de los días y no se logra ver una solución a corto ni largo plazo. Hemos adquirido la habilidad de normalizarlo. El problema en sí deja de verse como un problema y pasa a convertirse en un elemento más del escenario social y termina perdiendo su carácter problemático. Éste es el significado del abandono social, el cual se resume en el enorme poder (no consciente) de todos para desaparecer -sin ninguna acción más que la indiferencia- la existencia de algo o algunos que no son pocos. Genera un estado de incertidumbre en el otro, mientras se contemplan cifras alarmantes sobre los niveles de pobreza, hambruna y la inminente imposibilidad de acceso a la justicia. La clase más vulnerable, a pesar de tales circunstancias, no desaparece. Surge como por añadidura a la población que la menciona por preocupación ajena. Los vulnerables han sido despojados del discurso público y del poder para influir en las decisiones públicas; incluso, ocultados bajo la premisa de un imposible: la invisibilidad de aquellos que presumen como hogar, una calle distinta cada día en la urbe que los ha sumergido en un crítico pozo donde la movilidad social generacional es inexistente, es decir, se nace pobre y se muere igual, siendo solo la perpetuidad de la sobrevivencia, un último esfuerzo.

Ésta es la situación de abandono social o mal llamada de “personas en situación de calle”. Son conscientes de su propia normalización y se apartan de las actividades sociales. Enfrentan una constante indefensión aprendida, la condición de un ser humano que ha aprendido a comportarse pasivamente con la sensación de no poder hacer nada y que no responde a pesar de que existan oportunidades reales de cambiar una situación aversiva. En general, evitan las circunstancias sin mencionar el conflicto de la falta de identidad que, a su vez, evita que puedan unirse en una misma solución.

Esta situación rompe con reglas universales como el principio utilitarista de J. Stuart Mill que dicta que “cada cual es el mejor juez de sus propios intereses”. ¿Por qué se perpetúa el abandono social? Porque existe la imposibilidad de auto realizarse, su auto valoración se duele y entra en conflicto con el derecho humano al derecho al libre desarrollo de la persona, el cual, en palabras sencillas, es la facultad que tenemos todos a decidir vivir la vida que queremos.

Debemos partir de que el individuo, el estado y la sociedad llevan en conjunto la responsabilidad que generan los actos propios tanto como los colectivos y, como segundo supuesto, que la voluntad se ve sesgada por nuestras circunstancias. La primera tarea es analizar las causas: la involuntaria herencia, el infortunio de nacer en situación de calle con sus implicaciones, un panorama con poco acceso a oportunidades, predisposición a la violencia, aislamiento de una realidad nociva, desatención psicológica sin acceso a programas de salud mental, adicciones y numerosas razones más.

El derecho a la identidad es un antídoto para combatir el abandono social en todas y cada una de sus causas, la identidad reúne una serie de elementos esenciales como un nombre con el cual se es designado y reconocido, apellidos que resultan de la ascendencia y la filiación que refleja el sentido de pertenecía a una estructura familiar o la nacionalidad como un sentido de pertenencia a las costumbres, tradiciones, vivencias comunes, hechos históricos y cuestiones culturales. El origen es un contenido básico de la propia percepción personal según la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la misma Constitución en su artículo 4, reconocen la identidad como derecho fundamental. Debe ser mencionada en su vertiente de los documentos de identidad como la garantía de la existencia jurídica. El acta de nacimiento, constancia primigenia de la primera aparición existencial, recurso determinante para otros documentos útiles y probatorios funcionales para el mérito de otros derechos humanos. El dominio de los documentos de identidad es símil de un salvavidas para los invisibilizados, posteriormente nuestro sistema lo considera el genuino medio para la participación política, económica y social, máximo alcance de derechos de la humanidad. Los derechos humanos por sus principios de interdependencia e indivisibilidad, impactan en otros derechos consecuencia de la identidad. Impacta en el ejercicio del derecho a la salud por medio del seguro popular, la salud en el trabajo, el trabajo con la vivienda y derechos patrimoniales como adquirir créditos y contraer deudas. Todos florecen con la propia determinación.

El derecho a la identidad en el ámbito social es ser identificado en una dinámica de integración creando un sentido de pertenencia, donde se une o, en su caso, reconstruye el tejido social. En el ámbito político la identidad permite consolidar un concepto amplio de democracia mediante la toma de decisiones públicas, tener capacidad de exigencia, protesta e involucramiento en la estrategia política del país. La parte económica no es un área aislada. La “invisibilidad” promueve un sistema financiero con partícipes inciertos como un detrimento en la población económicamente activa. De acuerdo con los datos obtenidos por el Instituto de Asistencia e Integración Social, se localizaron 547 mujeres y 3,467 hombres en situación de calle en 2012. La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, la Comisión para Prevenir la Discriminación, organizaciones de la sociedad civil, expertos y academia, localizaron 100 puntos de alta concentración y 346 de baja concentración, dando un total de 6,754 personas: 4,354 en espacios públicos y 2,400 en albergues públicos o privados; 12.73% mujeres y 87.27% hombres.

Existen algunos programas de referencia para un análisis comparado. Chicagos Plan 2.0 en Estados Unidos implementa un programa de prevención, atención y seguimiento. Ha sido un programa exitoso al lograr atender a un número elevado de personas y lograr una reinserción social efectiva a partir de sus propias necesidades.

En México un programa emitido, planificado y gestionado por la Secretaría de Desarrollo Social de la Ciudad de México que se titula “Atención Integral a personas integrantes de Poblaciones Callejeras”. El Programa atendió a 10,836 personas (8,543 hombres y 2,293 mujeres), no todas ellas integrantes de las poblaciones callejeras; se les otorgaron 121,476 servicios. Si bien es un programa que contiene una solución temporal de satisfacción de necesidades básicas, no soluciona el problema de raíz, trata de abarcar más y aleja toda idea de construcción de independencia y reinserción social de las personas en abandono social, lo cual refleja ineficacia e inconformidad.

Hoy, desde Nosotrxs, hacemos un llamado a reconocer a los demás y desde la conciencia y la empatía exigir nuestros derechos y defender los de los demás en colectivo. Nuestra misión como movimiento es acabar con la vulneración sistemática de derechos. Debemos comenzar por aquellos sujetos que son limitados en su reconocimiento como personas, iniciemos con el reconocimiento de su a la identidad. Son personas que hoy no figuran ni en bases de datos, ni en registros civiles, ni en actas, ni en la memoria colectiva.

“Es Posible” surge como un colectivo de Nosotrxs, dedicado a la búsqueda de estrategias en favor de las personas en “situación de calle” para atender las causas que originan el abandono social.

Hoy asumimos un papel no pedido y nos lo apropiamos con la dignidad y el aguante necesario. Apuntamos más alto porque la generación que nos precederá nos tomará como estandarte. Existe en esta propuesta de cambio, una oportunidad grande e innominada que dicta, como dictó Hannah Arendt en su momento, que quien ha sido privado por la peor de las situaciones históricas tiene en su poder ser la más estruendosa voz que podrá ser escuchada.

Esto es lo que es posible, y sí, sí podemos.

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